Durante demasiado tiempo, La Araucanía ha estado asociada al conflicto, la incertidumbre y la falta de oportunidades. Mientras otras regiones avanzan, la nuestra continúa exhibiendo algunos de los indicadores más bajos de crecimiento, inversión y empleo del país, además de los mayores índices de pobreza. Es evidente que seguir haciendo lo mismo no producirá resultados distintos.
En ese contexto, resulta muy positivo que exista un consenso cada vez más amplio sobre la necesidad de impulsar una Ley Araucanía o un plan especial de desarrollo para la región, iniciativa que como Corma valoramos y apoyamos. Contar con una política de Estado de largo plazo, que genere mejores condiciones para invertir, crear empleo y recuperar el crecimiento, representa una oportunidad que no podemos desaprovechar. Que hoy exista un consenso transversal en torno a este desafío es una señal alentadora y un buen punto de partida para construir acuerdos.
La Araucanía necesita competir en igualdad de condiciones con el resto del país. Para ello se requieren políticas públicas que promuevan la inversión, fortalezcan la infraestructura, impulsen la innovación y entreguen certezas para desarrollar proyectos de largo plazo. No se trata únicamente de incentivos económicos, sino de construir un entorno que permita desplegar todo el potencial productivo de la región.
Y ese potencial es enorme. La Araucanía cuenta con recursos forestales de clase mundial, una riqueza cultural única, un extraordinario patrimonio natural, universidades y centros de formación de excelencia, además de miles de emprendedores y trabajadores comprometidos con el desarrollo de su territorio. Son fortalezas que, bien articuladas, pueden convertir a la región en un referente de desarrollo sostenible.
Como sector forestal, estamos convencidos de que podemos ser parte de esa transformación. La construcción industrializada en madera representa una oportunidad concreta para aportar a uno de los principales desafíos que enfrenta el país: la crisis habitacional. Construir más viviendas en madera significa aprovechar un recurso renovable, reducir los tiempos de construcción, agregar valor a la producción regional e impulsar el desarrollo de cientos de pequeñas y medianas empresas madereras que forman parte de esta cadena productiva. Al mismo tiempo, fomenta la innovación, genera empleo de calidad en los territorios y fortalece una industria con enorme potencial para el desarrollo de La Araucanía.
Pero ningún plan de desarrollo será exitoso si no se construye sobre bases de seguridad, confianza y estabilidad. La inversión necesita reglas claras, certeza jurídica y un ambiente que permita a las personas y a las empresas proyectar su futuro con tranquilidad.
La Araucanía no necesita más diagnósticos. Necesita una estrategia compartida que convoque al Estado, al sector privado, a la academia y a la sociedad civil para aprovechar las ventajas únicas de nuestra región y transformarlas en bienestar para sus habitantes.
Hoy existe una oportunidad para iniciar un nuevo ciclo de desarrollo. Dependerá de nosotros convertir este consenso en decisiones concretas, con una mirada de largo plazo, que permitan a La Araucanía volver a crecer y aportar, con toda su fuerza, al desarrollo de Chile. Quienes trabajamos en el mundo forestal sabemos que los mejores proyectos son aquellos que se construyen pensando en décadas y en las futuras generaciones. Ese mismo horizonte es el que hoy necesita La Araucanía.
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